Estamos de suerte, el día 22 de octubre el diario El País publicó un articulo en la sección de ciencia llamado“Los hijos heredan el sufrimiento de los padres”, esto dicho así suena un poco a poco. Pero el subtitulo empieza ya a ser aún un poco más inquietante: Los descendientes de prisioneros de la Guerra de Secesión americana vivieron menos que los del resto de soldados.
Esto ya nos indica que algo huele mal, ¿Que les pasó a los prisioneros en la guerra de secesión? En la foto del artículo se ve al cabo Bates, es un hombre enfermo, sin masa muscular, con los pies amputados y la mirada perdida. Fue uno de los prisioneros del campo de Andersonville (Georgia), y se sabe que el 40% de los que allí estuvieron no salieron con vida de él.
En el artículo nos explica con lenguaje médico como el sufrimiento de esos soldados traspasó el árbol genealógico llegando a generaciones posteriores.
Los científicos llevan años estudiando como factores ambientales causan cambios genéticos en los animales, pero no termina de explicarse esto. Esta frase indica así lo indica “De alguna manera el dolor de sus padres se grabó en su genética”.
Y continúa: «Se ha comprobado que el azúcar que toman los padres puede hacer obesos a sus descendientes o que la mala alimentación de los abuelos perjudicaría la salud de sus futuros nietos. A pesar del gran impacto que podría tener en la ciencia y en la salud, se sabe poco de estos mecanismos genéticos en humanos y saber más exigiría unos experimentos que la ética impide».
En definitiva, vienen a decir que saben que pasa pero no saben como pasa. Por esto se dedicaron a estudiar las lineas sucesorias de algunos de estos soldados para rastrear que fue de sus hijos y nietos.
Se dieron cuenta que sus sucesores tenían una vida más corta que los que no habían caido prisioneros. Siguen estudiando que los efectos de una hambruna afecta hasta la tercera generación. Los traumas de perder un padre o una madre de jóvenes afecta a los nietos.
Añade textualmente: Lo que es especial aquí es que esta investigación muestra un mecanismo de herencia diferente, la epigenética.
Ellos todavía no saben como, pero lo importante es que admiten que hay “otra herencia”. Y en los estudios los científicos se centran sobre todo en la longevidad y en las enfermedades. Sin embargo hay mas. Ese algo más es lo que se ve y se estudia en las Constelaciones Familiares, y que Bert Helliger ha observado con cientos de casos estudiados.
En constelaciones se ve que hechos del pasado no solo influyen en la longevidad o la salud, si no en todas las áreas de la vida, como en la pareja, en la economía…
En mi libro la “Otra herencia” le llamo la “herencia emocional”, en constelaciones se ve que todo hecho traumático causa impacto en los sucesores.
Y aquí es importante decir que no solo el sufrimiento pasado por un miembro del sistema si no el sufrimiento infringido por un miembro del sistema a otra persona.
Es decir crímenes de guerra, asesinatos, violaciones, abusos y daños a terceros quedan grabados en esa otra herencia. En el futuro los sucesores pueden encargarse de compensarlos.
Esperemos que los estudios epigenéticos y su divulgación en los medios de grandes masas sirva para hacer conciencia sobre algo que se sabe hace tiempo. Y aunque a algunos no les guste el lenguaje bíblico, realmente ya lo decían en la biblia:
Los pecados (traumas, delitos, deudas, problemas sin resolver) de los padres los pagarán los hijos.
Que viene a decir que todo tiene consecuencia, y lo que en el sistema familiar quede sin solucionar, sin asumir, el sistema lo tratará de equilibrar y puede hacerlo por medio de un posterior.
Esperamos que la idea de dejar una herencia a los hijos no se limite a la de dejar una casa, una finca, propiedades o un dinero en el banco. Ahora sabemos que esa «otra herencia» es emocional. Es una gran responsabilidad ser padres.
Lo que sucede muchas veces es que los sucesos de nuestras vidas no son detectados como consecuencias del pasado. Es ahí donde esta magnifica técnica de Constelaciones nos ayuda a poner luz, dejar de sufrir y vivir en el presente.
Adjunto el enlace:
https://elpais.com/elpais/2018/10/21/ciencia/1540148116_181772.html
Interesante artículo. Muchas gracias